ALGORITMO REGISTRAL
¿Quién tiene la última palabra? La tecnología no basta para sanear el Registro Inmobiliario
El reciente «Plan de Optimización» de la Jurisdicción Inmobiliaria ha puesto sobre la mesa un tema vital: la prevención de estafas. Durante diversas intervenciones, magistrados y autoridades registrales han hecho un llamado a los inversionistas para evitar a los llamados «asesores del patio».
Si bien la recomendación de buscar asesoría experta es asertada, el análisis no puede quedarse en la superficie. Como actores del sistema, debemos preguntarnos si el problema radica únicamente en la pericia del asesor o si el «virus» reside en la propia infraestructura de la información.
El estigma del «Asesor del Patio»
El término resulta peyorativo y, hasta cierto punto, ambiguo. Parece dirigirse a los agentes inmobiliarios que hoy se promueven como expertos en ventas. Aunque es cierto que la profesionalización es necesaria para evitar fraudes, no debemos olvidar que muchos de los conflictos que terminan en los tribunales de tierras se gestan dentro de la propia jurisdicción.
¿Era el pasado manual más seguro que el presente digital?
Resulta paradójico: en los tiempos donde la tecnología era una promesa lejana, la seguridad parecía descansar en pilares más sólidos. Consultar directamente a los expertos de las jurisdicciones, a los agrimensores de oficio, y realizar la búsqueda física en los libros del Registro de Títulos y de actividad jurisdiccional, ofrecía una trazabilidad que hoy, irónicamente, se siente difusa.
- La paradoja tecnológica: ¿Cómo es que las herramientas digitales actuales parecen, en ocasiones, menos confiables que las viejas tareas manuales?
- La volatilidad del dato: El gran tema no es la existencia de mecanismos como la reserva de prioridad —que siempre han tenido equivalentes jurídicos— sino la estabilidad de la información. En el entorno digital, los datos pueden ser alterados o cambiar de un momento a otro si los controles internos fallan.
El algoritmo no es la cura
La seguridad jurídica en materia inmobiliaria no se alcanzará por el simple uso de algoritmos sofisticados o procesos de modernización cosmética. La tecnología es una herramienta, no una solución per se.
«Los primeros que tienen que ‘sanear’ el sistema de control de información son los propios actores de la Jurisdicción Inmobiliaria.»
Conclusión
Para que el inversionista confíe, no basta con advertirle sobre quién no contratar. El sistema debe garantizar que la información que entrega es íntegra, inalterable y fiel a la realidad jurídica del inmueble. La modernización debe ser, ante todo, una depuración ética y técnica de quienes manejan los datos detrás de la pantalla.